Recuerdo, hace cuatro años, haber estado en un salón de clases y una profesora de química hace un paréntesis en su aterradora clase para hacer una pequeña dinámica que hizo con los ejemplares estudiantes de su grupo, el 10°D unos días antes. La dinámica consistía en determinar las etiquetas que todos asociábamos a cada uno de nuestros compañeros de clase e intentar romperlas, ya que tanto daño nos hacen. Uno de los personajes de mi salón, no entendió a qué se refería la palabra "etiqueta" y comenzó a decir que utilizaba ropa marca Ralph Lauren y Lacoste, entendiendo el concepto de etiqueta como la marca de la etiqueta de tu ropa. Aquellas palabras se prestaron para sacar una conclusión sencilla, tu etiqueta, aparte de sapo, hipócrita, mamador de gallo, orgulloso y lambón, también es un marquillero hueco. Antes de sumergirme en el mundo de la universidad y empaparme de libre pensamiento, yo también utilicé Lacoste y Ralph Lauren (por consiguiente forcé a mi papá a pagar cantidades astronómicas de dinero por camisetas nada exclusivas) pero mi vida no giraba en torno a ello, y una visita a Unicentro o a Bellavista, para comprar ropa de marca. Recuerdo haber ido a un pequeño toque de screamo y neopunk en mi pueblito olvidado de Dios con una de esas camisetas mientras que mis amigos no escatimaron en ropa negra totalmente adecuada para la ocasión.
Yo no fui muy sociable. En el colegio nadie gustaba de mí porque se asombraban aterradoramente de mi franqueza y mi falta de miedo a dar la cara y decir las cosas tal cual son. Sin importar cuanto me maltrataran y cuanto abusaran de mi yo me mantenía en pie. Y eso me lo reconocieron una vez, ya en últimas, cuando fue que dejaron de molestarme. Mi etiqueta era callado. Pero no iban a pasar de allí. Yo sin tapujos puedo etiquetarte si el ejercicio me lo exige, pero yo no voy a reducir a nadie a una etiqueta y condicionar la manera en como me relaciono con la gente a partir de la etiqueta que genero, cosa a la que estamos acostumbrados.
Y es inevitable. El cerebro humano está condicionado para etiquetar, categorizar y ordenar, así es como opera, y es normal, sin embargo por ceñirnos a este comportamiento tan natural y sencillo nos privamos de conocer lo maravilloso que puede ser un ser humano al que reducimos a una etiqueta incompatible con nosotros, como puede ser tal vez orgulloso, caprichoso, inocente, reflexivo, vanidoso, terco, introvertido... Claro que no niego que es más que sensato no querer meterse con alguien a quien calificamos de hipócrita o desconfiado.
La pereza mental no permite que la inteligencia emocional avance, la cual es la que nos permite liberarnos de las etiquetas. Reconozco que liberarse de estas requiere que cuando tratemos a las personas no las reduzcamos a una etiqueta únicamente, si no tratarlas como algo más complejo como una categoría entera de etiquetas que aunque no lo crean pueden estar relacionadas. Cada persona es una categoría compleja y distinta, reconocer eso nos permitirá apreciar más la riqueza que hay en cada una de las personas que nos rodean y en nosotros mismos.
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Ahora no me siento muy bien. Hay dos aspectos muy importantes de mi vida que se han vuelto incompatibles de un momento a otro. De por sí siempre lo fueron pero yo lograba hacerlos compatibles. Ahora no hallo como hacerlo y tengo tanto miedo. Sé que no los perderé, pero las cosas funcionaban mejor antes. De estos turbulentos eventos de mi vida vienen las reflexiones anteriores.
*Una comadre de mi mamá siempre dice se va de menos a más, de peor a mejor.
*En mi familia creemos férreamente que todo se trata de costumbres, y hay que saber adaptarse.
*Una prima dijo que una mente amplia se atreve a soñar y logra todo lo que quiere. Una mente pequeña se crea limitaciones a sí misma.
*Yo creo que todos somos admirables.
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