Es descabellado creer que si todos, todos sin importar la clase social nos lanzáramos a la calle con nuestros smartphones en el bolsillo, cientos de miles en la cartera y portátiles en las maletas, uno de los más crueles flagelos de la delincuencia común como es el robo, disminuiría drásticamente. Más bien le haríamos el día a cientos de ladrones pero el hecho de que en nuestra conciencia desafiemos las condiciones adversas y con toda tranquilidad caminemos a pesar de no haber razones para estar tranquilos, de seguro que la percepción de seguridad iría en aumento. Y si las cosas no pueden ser buenas, entonces tratemos de hacer que parezcan buenas, en este caso. Hay otras veces en las que no es conveniente hacer que lo que no es bueno, parezca bueno.
Es descabellado de igual manera creer. ¿En qué creemos? En cualquier momento todo se puede ir abajo y lo que creemos puede dejar de ser. Leí una vez una frase que dice que nada es verdadero y todo se vale. Quitando prejuicios morales y razonando más fríamente, la frase es cierta. Me pregunto ¿cómo le habría ido a la humanidad si esas frases fueran de conocimiento total e interiorizadas por todo el mundo? ¿El caos? ¿o un mundo de fantasía? ¿Hasta qué punto los moralistas han subestimado la capacidad del ser humano para conducirse a sí mismo?
Más importante que la subestimación de los hipócritas moralistas, puede ser lo que sucede en la transición que hay de niño a adulto. La inocencia característica de la infancia nos permite actuar espontáneamente sin miedo a equivocarnos y de tener la certeza de que todo está bien. Oye a un niño aprender a contar del uno al veinte. ¿Por qué decimos once en lugar de dieciuno? lo segundo es más lógico. ¿Por qué decimos vino y no vinió? Apuesto a que todos tuvimos problemas aprendiendo a conjugar verbos desde niños. ¿En qué momento perdimos toda esa inocencia y esa sencillez en la que cualquiera era nuestro mejor amigo después de preguntarle y pasar una tarde jugando juntos? Es cierto que tenemos que crecer y adquirir responsabilidades, pero el hecho que se adquieran responsabilidades y nos volvamos más serios y "maduros" no significa que tengamos que dejar la inocencia en el pasado.
Mañana es comercialmente el día del papi. Hice un test sobre qué clase de padre soy y me salió que soy un padre moderno y justo. El padre que siempre quise tener... El padre que no seré nunca por ser gay y porque tal vez nunca tenga hijos. No me quejo, mi papá nos quiere mucho, no hemos tenido problemas y nos ha sacado adelante, pero se quedó corto en muchas otras cosas. No debo culparlo tampoco. El no tiene la culpa de que las cosas sean como son ahora.
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