lunes, 27 de junio de 2011

El derecho a conectarse

La razón de escribir esta columna viene de haber leído esta ("Loquitas") y posteriormente esta ("El derecho a conectarse"), de la misma columnista. La ONU ha declarado que conectarse a internet es un nuevo derecho para toda la humanidad y que los gobiernos no tienen derecho a vetarlo o limitarlo, ni si quiera argumentando razones de segurridad nacional. Y más aún, se debe asegurar el anonimato de los cibernautas (cosa que nos quiere quitar la Ley Lleras). Desafortunadamente las reglas las ponen los intereses de los Estados Unidos de América y así como este país puede violar descaradamente acuerdos de la ONU, también impone mecanismos que violan la privacidad de los cibernautas como condición para darle vía libre a un TLC destructivo para una economía como la nuestra. (Sí, la ley Lleras se hizo por el TLC con EE.UU.)

Recuerdo hace varias semanas haber estado con unos amigos en un restaurante de comidas rápidas haciendo un descanso para luego volvernos a poner a trabajar en nuestros queridos y torturantes deberes universitarios. En el carro hacia el restaurante alcanzamos a pasar, por Villabel, y una mujer vociferaba frases escatológicas, y que Jesucristo, y que el fin del mundo y ya podremos imaginar lo demás. En el restaurante recordé esas frases, luego vi a mis amigos con sus BlackBerrys y vi mi iPhone, celulares tipo SmartPhone con conexión a internet totalmente funcional. Una amiga vio mi cara de reflexión y me preguntó en que pensaba y luego de un silencio, dije...

-Recordando a la señora que hablaba del fin del mundo allá en Villabel, y mirando que ahora todos tenemos nuestros celulares de última tecnología, pensé, hace unos años estas tecnologías eran comunes en el primer mundo pero ahora nosotros en paises tercermundistas tenemos la oportunidad de accedeer a ellas y si bien somos una porción privilegiada de la sociedad, sin duda en el futuro serán más y más los que tendrán estas oportunidades. Si el mundo se acaba mañana, nunca o en dos meses, creo que no está demás agradecer porque al menos tenemos esta oportunidad de estar conectados.

Ya existiendo planes de internet prepago tanto para celulares como para computadores y con la venida de la tecnología 4G (soprende el avance de la tecnología, hace tan poco tiempo empezamos a saborear las mieles de la tecnología 3G y ya se nos viene encima la 4G, hasta diez veces más rápida) la navegación por internet adquiere mayor importancia día tras día y su accesibilidad se incrementa de igual manera. Ya hay 45 millones de líneas de telefonía celular en Colombia (un celular por persona, aunque en realidad es que hay personas con más de una línea y otras que nunca en su vida han tocado un teléfono, pero es por cuestiones culturales) y poco a poco más líneas están migrando a la tecnología 3G. Ya tener un BlackBerry no es un lujo (además de que el equipo más económico de esta marca cuesta lo mismo que cualquier otro celular de gama media y se pueden conseguir hasta más baratos).

El estado Colombiano está haciendo su mejor esfuerzo para llevar la maravilla del siglo XIX, el internet, a tantos paisanos como sea posible. Esperemos también, que en la medida que sea necesaria podamos hacer buen uso de estas nuevas posibilidades.

Una opinión más personal... Siempre pensé que el Twitter era para gente con plan de datos. Bueno, desde que todos mis amigos tienen BlackBerrys y me obligaron a estar conectado desde mi celular todo el tiempo, aproveché para unirme a esta red social, probablemente la segunda más importante después de Facebook. La encuentro muy útil y la recomiendo, así no tengamos nada sobre qué "trinar" (o, creerse como el ilustrísimo Silvestre Dangond, quien después de haberse limpiado el trasero con billetes, escribir en el twitter que no hay nada mejor que está empantalonetao y viendo televisión en la cama un domingo, y lo peor, que a raíz de su fama, sabe que todo el mundo pensará que su trino es lo máximo. Ni Lady GaGa, autoproclamada the Monster Fame, haría eso.)

sábado, 18 de junio de 2011

Descabellado

Es descabellado creer que si todos, todos sin importar la clase social nos lanzáramos a la calle con nuestros smartphones en el bolsillo, cientos de miles en la cartera y portátiles en las maletas, uno de los más crueles flagelos de la delincuencia común como es el robo, disminuiría drásticamente. Más bien le haríamos el día a cientos de ladrones pero el hecho de que en nuestra conciencia desafiemos las condiciones adversas y con toda tranquilidad caminemos a pesar de no haber razones para estar tranquilos, de seguro que la percepción de seguridad iría en aumento. Y si las cosas no pueden ser buenas, entonces tratemos de hacer que parezcan buenas, en este caso. Hay otras veces en las que no es conveniente hacer que lo que no es bueno, parezca bueno.

Es descabellado de igual manera creer. ¿En qué creemos? En cualquier momento todo se puede ir abajo y lo que creemos puede dejar de ser. Leí una vez una frase que dice que nada es verdadero y todo se vale. Quitando prejuicios morales y razonando más fríamente, la frase es cierta. Me pregunto ¿cómo le habría ido a la humanidad si esas frases fueran de conocimiento total e interiorizadas por todo el mundo? ¿El caos? ¿o un mundo de fantasía? ¿Hasta qué punto los moralistas han subestimado la capacidad del ser humano para conducirse a sí mismo?

Más importante que la subestimación de los hipócritas moralistas, puede ser lo que sucede en la transición que hay de niño a adulto. La inocencia característica de la infancia nos permite actuar espontáneamente sin miedo a equivocarnos y de tener la certeza de que todo está bien. Oye a un niño aprender a contar del uno al veinte. ¿Por qué decimos once en lugar de dieciuno? lo segundo es más lógico. ¿Por qué decimos vino y no vinió? Apuesto a que todos tuvimos problemas aprendiendo a conjugar verbos desde niños. ¿En qué momento perdimos toda esa inocencia y esa sencillez en la que cualquiera era nuestro mejor amigo después de preguntarle y pasar una tarde jugando juntos? Es cierto que tenemos que crecer y adquirir responsabilidades, pero el hecho que se adquieran responsabilidades y nos volvamos más serios y "maduros" no significa que tengamos que dejar la inocencia en el pasado.

Mañana es comercialmente el día del papi. Hice un test sobre qué clase de padre soy y me salió que soy un padre moderno y justo. El padre que siempre quise tener... El padre que no seré nunca por ser gay y porque tal vez nunca tenga hijos. No me quejo, mi papá nos quiere mucho, no hemos tenido problemas y nos ha sacado adelante, pero se quedó corto en muchas otras cosas. No debo culparlo tampoco. El no tiene la culpa de que las cosas sean como son ahora.

sábado, 11 de junio de 2011

Etiquetas

Recuerdo, hace cuatro años, haber estado en un salón de clases y una profesora de química hace un paréntesis en su aterradora clase para hacer una pequeña dinámica que hizo con los ejemplares estudiantes de su grupo, el 10°D unos días antes. La dinámica consistía en determinar las etiquetas que todos asociábamos a cada uno de nuestros compañeros de clase e intentar romperlas, ya que tanto daño nos hacen. Uno de los personajes de mi salón, no entendió a qué se refería la palabra "etiqueta" y comenzó a decir que utilizaba ropa marca Ralph Lauren y Lacoste, entendiendo el concepto de etiqueta como la marca de la etiqueta de tu ropa. Aquellas palabras se prestaron para sacar una conclusión sencilla, tu etiqueta, aparte de sapo, hipócrita, mamador de gallo, orgulloso y lambón, también es un marquillero hueco. Antes de sumergirme en el mundo de la universidad y empaparme de libre pensamiento, yo también utilicé Lacoste y Ralph Lauren (por consiguiente forcé a mi papá a pagar cantidades astronómicas de dinero por camisetas nada exclusivas) pero mi vida no giraba en torno a ello, y una visita a Unicentro o a Bellavista, para comprar ropa de marca. Recuerdo haber ido a un pequeño toque de screamo y neopunk en mi pueblito olvidado de Dios con una de esas camisetas mientras que mis amigos no escatimaron en ropa negra totalmente adecuada para la ocasión.

Yo no fui muy sociable. En el colegio nadie gustaba de mí porque se asombraban aterradoramente de mi franqueza y mi falta de miedo a dar la cara y decir las cosas tal cual son. Sin importar cuanto me maltrataran y cuanto abusaran de mi yo me mantenía en pie. Y eso me lo reconocieron una vez, ya en últimas, cuando fue que dejaron de molestarme. Mi etiqueta era callado. Pero no iban a pasar de allí. Yo sin tapujos puedo etiquetarte si el ejercicio me lo exige, pero yo no voy a reducir a nadie a una etiqueta y condicionar la manera en como me relaciono con la gente a partir de la etiqueta que genero, cosa a la que estamos acostumbrados.

Y es inevitable. El cerebro humano está condicionado para etiquetar, categorizar y ordenar, así es como opera, y es normal, sin embargo por ceñirnos a este comportamiento tan natural y sencillo nos privamos de conocer lo maravilloso que puede ser un ser humano al que reducimos a una etiqueta incompatible con nosotros, como puede ser tal vez orgulloso, caprichoso, inocente, reflexivo, vanidoso, terco, introvertido... Claro que no niego que es más que sensato no querer meterse con alguien a quien calificamos de hipócrita o desconfiado.

La pereza mental no permite que la inteligencia emocional avance, la cual es la que nos permite liberarnos de las etiquetas. Reconozco que liberarse de estas requiere que cuando tratemos a las personas no las reduzcamos a una etiqueta únicamente, si no tratarlas como algo más complejo como una categoría entera de etiquetas que aunque no lo crean pueden estar relacionadas. Cada persona es una categoría compleja y distinta,  reconocer eso nos permitirá apreciar más la riqueza que hay en cada una de las personas que nos rodean y en nosotros mismos.

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Ahora no me siento muy bien. Hay dos aspectos muy importantes de mi vida que se han vuelto incompatibles de un momento a otro. De por sí siempre lo fueron pero yo lograba hacerlos compatibles. Ahora no hallo como hacerlo y tengo tanto miedo. Sé que no los perderé, pero las cosas funcionaban mejor antes. De estos turbulentos eventos de mi vida vienen las reflexiones anteriores.
*Una comadre de mi mamá siempre dice se va de menos a más, de peor a mejor.
*En mi familia creemos férreamente que todo se trata de costumbres, y hay que saber adaptarse.
*Una prima dijo que una mente amplia se atreve a soñar y logra todo lo que quiere. Una mente pequeña se crea limitaciones a sí misma.
*Yo creo que todos somos admirables.